Category: Palestina



Haifa, 05/01/2012

Haifa no es para tanto. Una ciudad que va de moderna cuando más bien se parece a la vieja de Pirandello que se maquilla de joven ante el espejo. A parte los jardines bahaíes, tiene poco atractivo: edificios muy altos encaramados en colina, gente que no habla o no quiere hablar inglés, un barrio árabe donde poco queda de árabe. Hoy he evadido. Destino: Safed, el centro del misticismo judío. Las callejuelas con las puertas azules tenían cierto encanto, pero en general me he sentido un poco defraudada. El barrio de los artistas era un escaparate de pulseras e imanes. Lo más cerca del misticismo que he visto ha sido un grupo de tres jóvenes tocar la guitara y cantar para acercarse a g*d. Lo mejor del día ha sido, sin duda, la tarde en Amirim, una comunidad donde para ser aceptado hay que ser vegetariano. He comido productos ecológicos en una casa de madera. Al otro lado del cristal: niños, árboles, gatos y perros. En ese orden. “Hay agua en España?”, investiga la dueña del restaurante kosher. “Y en Italia?”, insiste. La cantidad de agua de la que dispone un país depende de la actitud de su gente, explica la Torah. En Israel escasea, por eso hay que desviar las fuentes palestinas. Como el perro que se muerde la cola.

Tel Aviv, 06/01/2012

El Mediterráneo huele distinto desde aquí. Para cenar, toast de lujo que no sabe a nada. Esta es Tel Aviv. Los niños de Deisheh nunca han existido.

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Belén, 04 /01/2012

Pan de pita caliente; ensalada de pepino, pimiento y tomate; mantequilla; mermelada; hummus; za’atar con aceite y de camino hacia Hebrón. Para entrar en el edificio donde está enterrado Abraham (iglesia, mezquita o sinagoga, según quien observe), hay que apoyar la mano en una de estas puertas giratorias de barrotes. Los malos recuerdos me colorean las mejillas una vez más. Un militar, un detector de metales, una pregunta, otro militar, otra pregunta. Los observadores se mezclan con los militares, los vendedores y los turistas que bajan del autobús aparcado justo en frente del lugar de culto. ¿Para qué sirven los observadores cuando hay diez veces más militares que colonos israelíes en el corazón de la ciudad?

La carretera que lleva a Jericó -supuestamente la ciudad más antigua del mundo-  cruza el valle del río Jordán. A la derecha las montañas de caramelo de Jordania, al horizonte el mar Muerto, alrededor colinas áridas. Estoy en la ciudad más baja del mundo. El calor en verano tiene que ser insoportable, pero de momento se camina a gusto hacia la montaña de las tentaciones. Sigo el sendero, a la vuelta de este viaje ya no voy a ser la misma.

Me he despedido de Cisjordania de la peor manera. Doce kilómetros y dos puestos de control. Los militares ya pertenecen al paisaje urbano. Ya nadie se da cuenta si son uno, 15 o 200. Llevan el fusil como si fuera un bolso. Son tan jóvenes que me cuesta creer que alguna vez hayan disparado en su vida. Esto era lo que pensaba mientras esperaba de pie, en cola con los otros pasajeros del autobús, para que me controlaran el pasaporte. Habíamos casi llegado, cuando nos vuelven a parar. Dos soldados suben al vehículo y ni siquiera miran mi pasaporte. El blanco no soy yo. El conductor les grita algo, ellas parecen no escuchar, no levantan ni las cejas, no inmutan su expresión. El hombre se da la vuelta y me dice: “Sorry”.


02/01/2012, Belén

Hoy llueve, una lluvia muy fina, casi imperceptible, pero llueve. Doce kilómetros entre Jerusalén y Belén, un check point en el medio. Un techo de hojalata me resguarda del agua. Apoyo la mano en la puerta giratoria. Delante de mi un pasillo estrecho. Hay que aguantar de pie, mirando la nuca del ser humano que tienes delante. Y no olvidar que de un ser humano se trata. Barrotes a la derecha, a la izquierda y por encima de la cabeza. Un joven militar me pregunta de dónde soy. Hoy he tenido suerte. No tendré que quitarme zapatos, reloj y cinturón. No me preguntarán adónde voy, quien soy, qué quiero y qué hago. No me sacarán todo de la mochila. En el patio interior me saluda un cartel enorme, azul descolorido: Welcome to the city of Peace and Love. Si lo dice el cartel…

El dueño del hostal me ha invitado a tomar un té en su salón, donde está viendo un programa pseudo-médico en la tele. Me cuenta que su vecino se levanta a las tres de la madrugada para ir a hacer la cola al check point, que abre a las cinco (si es que abre).

La lluvia ha convertido las callejuelas del campo de refugiados de Deisheh en barro. Unos niños me han llevado a ver su barrio, aunque no haya nada que ver. Tiran piedras. Van debajo de la ventana de un amigo, les gritan y tengo otro enano más en mi procesión. Una de estas familias refugiadas en su propio país me invita a tomar un té. Primera pregunta: ¿Cómo es para ti pasar un checkpoint? Silencio y sorbo de té. El padre nació allí y su presente era fumar cigarros sentado en el sofá de casa, con una peli del lejano oeste como banda sonora. Una de sus hijas por lo menos intentaba estudiar inglés para salir del barrio. Los niños que me esperaban delante el portal no tenían otra perspectiva para el futuro que tirar piedras y acabar entre el 80% de ciudadanos del campo que ha pasado por una cárcel israelí.

A la vuelta me he equivocado de camino y he chocado contra el muro. Nunca mejor dicho. El muro de la vergüenza, de sabor medieval. Da miedo por la noche. Da miedo la estupidez humana. Un sinsentido abismal.


Jerusalén, 01/01/2012

Los gatos callejeros de Jerusalén no se asustan ante nada. Probablemente ya habrán visto muchas historias a lo largo de sus vidas. Esta noche acaba el sabbat y se deja atrás el año. No me apetece quedarme entre tirabuzones rapeando en una esquina y chicas sin medias. Me quedaría con los gatos, pero ellos no quieren. No les interesan las calles principales, prefieren los cubos de basura de las vías secundarias. Vuelvo al hostal pensando en la visita a Ramallah del día anterior. He visto Ramallah, dijo Murid Barghouti. Una especie de paranoia, me impide escribirlo en mi cuaderno.

A poca distancia de la tumba del Rey David, en el monte Sión, se esconde el lugar del entierro de otro personaje igual de noble. Alrededor de la tumba de Oskar Schindler no había visitantes. Solo piedras. No hay nadie en todo el cementerio. Desde lejos se escucha al muezzin llamar a la oración del mediodía. Vivo la esquizofrenia de pasar continuamente de un mundo a otro. Vuelvo a hacer la cola para entrar a la explanada de la mezquita Al Aqsa.


Jerusalén, 31/12/11

Pero no era nochevieja? Eso dicen… ya estoy en la cama desde hace unas horas. Anoche me acosté sin cenar, era sabbat y todo estaba cerrado, pero tampoco me preocupé demasiado. Tengo la cabeza que va a mil. Y sueño con cosas raras. Esta mañana la ciudad ofrecía un escenario post atómico, con una luz que cegaba sin brillar. Podías caminar en el medio de la carretera, con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido. Me dolían los ojos. Hace muchos años estos edificios habrán sido blancos. O eso espero.

En la estación de autobuses y furgonetas compartidas, me siento como en casa. ¿Adónde vas? Por aquí, yallah. Cinco minutos después, todos los pasajeros saben que tu marido no es árabe y cuánto gastas para dormir en un hostal. Hace calor, pero el sol sigue sin aparecer. El conductor apoya el cinturón de seguridad por encima de su pronunciada barriga. Lo deja colgando y enchufa la radio: oraciones. Arranca el motor.

El paso “fronterizo” con los territorios palestinos ocupados está lleno de gente que se busca la vida. Hay quien intenta rodearlo, quien aprovecha para comprar una manta hortera, quien aguanta de pie detrás de los barrotes.


Jerusalén, 30/12/11

Ya tengo el pasaporte sellado. Aquí todo es gris y negro. Un control tras otro en el aeropuerto. Lo que menos me esperaba era el silencio. Para salir de la estación de autobuses, un joven con modales un poco bruscos me ha hecho pasar por un metal detector. Me impartía sus ordenes en hebreo, molesto porque no le entendía. Iba con el sueño a cuestas. Yo acabo de llegar y en el hostal de Jerusalén acaban de remover las cucharitas en los vasos de té. Ya nadie hace caso al soldado en uniforme caqui con granos que coquetea sentado entre una rubia y su fusil. Por la calle, estudiantes con la cara enmarcada por tirabuzones o a la sombra de un sombrero negro andan con paso rápido. Las tiendas de pan huelen bien.

Entre una lágrima y una oración, puedes comprar un camello de peluche o una simpática corona de espinas. Paseo por las piedras consumidas por las numerosas Marías Magdalenas de este mundo a lo largo de la Vía Dolorosa. Las calles confluyen en el Santo Sepulcro, justo a tiempo para sacarse una foto sonriente y graciosa delante de la tumba de Jesús. Mientras como el mejor felafel de mi vida, me pregunto como es posible que una ciudad sagrada para tres grandes religiones esté en manos de militares. Otro bocado y de reojo veo pasar dos judíos con el sombrero de pelo circular. ¿Adónde irán tan deprisa? Se acerca la noche entre el viernes y el sábado.


El Ejército israelí aborda el único barco de la flotilla hacia Gaza

Los pasajeros de la nave francesa ‘Dignité’ no ofrecieron resistencia

TIZIANA TROTTA / AGENCIAS – Madrid / Jerusalén – Publicado en EL PAÍS 20/07/2011

El Ejército israelí tomó ayer el control del barco francés Dignité-Al Karama, el único de la II Flotilla de la Libertad que había conseguido zarpar rumbo a Gaza y eludido la prohibición del Gobierno griego. Los pasajeros del navío no ofrecieron resistencia ante los soldados y fueron trasladados al puerto de Ashdod, al sur del país, para ser interrogados por agentes del Ministerio del Interior.

Los comandos de élite israelíes entraron en contacto con los pasajeros del Dignité a primera hora de la mañana para exigir un cambio de ruta, alertando de que ignorar sus peticiones acarrearía el abordaje del navío. Tras haber preguntado si transportaban armas, el Ejército les comunicó que la carga podía ser “trasladada legalmente a la franja [de Gaza] mediante los pasos terrestres existentes y el puerto de Ashdod”.

La Asociación Francia-Palestina, que organiza la expedición que trata de romper el aislamiento del territorio palestino y transportar ayuda humanitaria, aseguró que el Dignité fue bloqueado por al menos tres barcos israelíes cuando se encontraba a unas 40 millas de la costa palestina. “A partir de entonces, no hemos podido comunicar con ellos”, declaró desde París Julien Revoir, portavoz de los activistas.

El viceministro de Asuntos Exteriores israelí, Danny Ayalon, ya había anticipado el pasado lunes en una conferencia de prensa que si un barco se acercaba a Gaza, sería interceptado. Ayalon añadió que se haría “todo lo posible” para que no se registraran incidentes.

Un total de diez activistas de seis nacionalidades viajaban a bordo del barco, acompañados por tres miembros de la tripulación, dos periodistas de la cadena de televisión Al Yazira y una corresponsal del diario israelí Haaretz.

Dignité-Al Karama, uno de los dos navíos franceses de la flotilla, había salido de Córcega el 25 de junio. Después de diez días de inmovilización en Grecia, dejó el puerto de Kastellorizo el pasado domingo. Aunque su destino oficial era Alejandría, en Egipto, la embarcación tenía previsto alcanzar la costa palestina sobre el mediodía de ayer.

Los otros nueve barcos que componían el convoy siguen bloqueados en Grecia por orden de Atenas, que prohibió la salida de las naves, tal y como exigía el Gobierno de Benjamín Netanyahu. El Ejecutivo heleno alegó “razones de seguridad” al considerar que la expedición del año pasado se saldó con la muerte de nueve activistas turcos en un ataque del Ejército israelí.