La voz de Erri De Luca (Nápoles, 1950) suena por teléfono humana y sincera. Sus pausas, los silencios, la atención al ritmo, el más mínimo detalle en su forma de hablar revelan su reverencia hacia las palabras. Se define como un escritor “prestado a la lengua italiana”, aunque sus raíces son claramente napolitanas. A pesar de ser uno de los autores más leídos del panorama actual de su país, todavía no logra creer que sus historias puedan interesar a alguien.

Aunque en los años 70 participó en las actividades del movimiento de extrema izquierda Lucha Continua, hoy se ha alejado de la militancia activa en política. Pese a su decepción, confiesa que sigue participando en las manifestaciones “por vicio”.

Trabajó como camionero, albañil y obrero en FIAT, estudiando por la noche y de manera autodidacta el yiddish y el hebreo para acercarse a la lectura de los textos sagrados del monoteísmo, sin dejar de escribir. Veinte años después de la publicación de su primer trabajo, No ahora, no aquí, colabora con varios periódicos y ha ganado algunos premios literarios, tanto en Italia como en el extranjero.

Pregunta: ¿Quién le manda a usted a escribir?

Respuesta: He aprendido a hacerme compañía así desde pequeño. Escribir es un placer de seguir con esta buena compañía. No es el editor el que me manda. Escribir no es un trabajo. Es una fuente de ganancia, por supuesto, pero para mí siempre ha sido lo contrario de la palabra trabajo. Ha sido el tiempo salvado dentro de la jornada de trabajo, el tiempo opuesto. Mi jornada empieza muy temprano y encaja la escritura donde puede. Le dedico poco tiempo, en cualquier momento del día, salvo por la noche, cuando ya no sirvo para nada. Escribo solo cuando lo necesito o cuando tengo que entregar algo, cuando me piden algún comentario para un periódico, por ejemplo.

P: ¿Qué cuentos le contaban de pequeño para que durmiera?

R: No me contaban cuentos, pero desde el otro lado de la pared podía escuchar las historias que se contaban entre ellos.

P: ¿Ellos quiénes?

R: Los padres, los amigos, la familia, etc. Hablan entre ellos de historias de guerra, de las erupciones del Vesuvio o de fantasmas.

P: ¿Y usted cree en los fantasmas?

R: En aquel entonces todo estaba mezclado. Los fantasmas eran pura realidad. Creciendo ya no me he visto rodeado por aquella muchedumbre, aquellas voces que para mí coinciden con los fantasmas.

P: Ahora que ya no tiene miedo a los fantasmas, ¿qué es lo que le asusta?

R: Nada. He agotado las reservas.

P: ¿Usted se siente un privilegiado por ganarse la vida con la escritura?

R: Me siento una persona afortunada porque con mi escritura me gano el pan. Nada que ver con mi éxito.

P: ¿Alguna vez ha abandonado por la mitad una historia que estaba escribiendo?

R: Libros, sí. También historias que no funcionan, les abandono, las tiro.

P: ¿Sin esperanzas de ser recuperadas?

R: Las tiro y punto. Yo escribo con boli, en papel, así es más fácil tirarlas. Cojo las hojas y… ¡a la papelera!

P: Pero consumir mucho papel no es una actitud respetuosa con el medioambiente…

R: El medioambiente puede con mis papeles. Además, yo pago el impuesto de la basura.

P: ¿Qué quiere decir cuando afirma que empezó a publicar “por casualidad”?

R: Por casualidad significa que me encontraba en Milán porque estaba involucrado en un juicio penal. La persona que me alojaba había sido contratada desde hace poco por la editorial Feltrinelli y una tarde, aprovechando mi ausencia, cogió el cuaderno con el cual yo estaba “trapicheando” y lo llevó a su jefe. Así me propusieron publicar.

P: ¿Nunca había pensado en publicar?

R: Se trata de historias mías, se trataba entonces y se sigue tratando ahora de asuntos personales, no tenía ni idea de que pudieran interesarles a alguien. Sigo sin entender por qué interesan. Más que éxito hablaría de un lento proceso de aceptación por parte de los lectores.

P: ¿De dónde nace la idea de llevar al teatro una obra sobre el Quijote?

R: La idea de llevarme a un escenario nace del cantautor Gianmaria Testa. En cambio, la idea de hablar de los invencibles nace de mí.

P: ¿Usted también ve molinos y gigantes?

R: No tengo nada que ver con este género de empresas. Solo me enfrento a empresas realísticas.

P: En su trabajo hay cierta insistencia sobre la experiencia corpórea…

R: Porque es la única forma de experiencia que tengo. No poseo una mentalidad especulativa.

P: La mayoría de sus historias están ambientadas en Nápoles. ¿Es una manera de curar los sentimientos de culpabilidad por haber dejado esta ciudad?

R: Pertenezco abusivamente al 900 por eso carezco de sentimientos de culpabilidad.

P: Respecto a su última novela, E disse (Y dijo, en su traducción al castellano), ¿hay algún elemento autobiográfico?

R: Hablando de Moisés, no hay intrusiones mías en la historia sacra. Solo he transferido algún conocimiento de alpinismo, que Moisés seguramente poseía.

P: ¿Cómo es el Moisés de Erri De Luca?

R: Una especie de cartero. Un hombre que entrega una carta a una comunidad, una carta enviada desde el Sinaí.

P: En el título destaca la acción de Dios de hablar. ¿Las palabras escritas no tienen valor hasta que se pronuncien en voz alta?

R: Las palabras de la divinidad han sido pronunciadas en voz alta. Después de la escalada de Moisés al Sinaí, estas palabras se escriben por primera vez. Lo que decimos tiene el mismo valor que las palabras escritas, por lo menos para mí. Una opinión no compartida por los políticos italianos. Para mí las palabras dichas son como las escritas: indelebles.

P: ¿Por qué se empeña en querer explicar a sus lectores que la mayoría de las traducciones de la Biblia no son rigurosas?

R: No me empeño, es evidente que se trata de traducciones arbitrarias. Cualquier lector puede llegar a esta conclusión, sin necesitar mi intermediación, simplemente confrontando dos distintas ediciones de la Biblia.

P: ¿Y el Vaticano qué opina de eso?

R: Tengo buena acogida tanto en ámbito cristiano como judaico.

P: ¿De dónde nace su interés por la Biblia, si no está motivado por la fe?

R: La fe no necesita la Biblia, sino los analfabetos estarían condenados. Mi interés se basa más bien en la curiosidad hacia la lengua original en la cual se ha puesto por escrito el monoteísmo.

P: ¿Y el Corán no le interesa?

R: No, porque no soy árabe.

P: Quisiera hablar con usted de la situación política italiana…

R: Yo no quiero hablar con nadie de esta situación. Me parece insignificante.

P: ¿Cree que Italia está en peligro de caer en el autoritarismo?

R: Más bien el peligro es la deriva demencial.

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