Empujé los dedos en las sienes empapadas en busca del interruptor off. No funcionó, así que intenté pasarme el dedo corazón y el indice rápidamente por el rostro, alante y atrás, alante y atrás, pero no, no me borré. “No tienes que escribir algo original, sino algo verdadero”. Así me dijo. Vale, muy bien. Me acordé de esa mañana en la playa, cuando caminaba de un lado al otro cerca de los cambiadores y un niño de mi misma edad se me acercó para preguntarme si estaba loca. Estaba fantaseando de princesas y dragones. ¿Cómo le iba a decir algo verdadero a ese pequeño cerebro?. Opté por la vía más fácil. “Sí”.

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